Legal design tiene cinco siglos, no cinco años
El legal design no lo inventó Silicon Valley. Auctoritas, gravitas y decorum: el vocabulario perdido que explica por qué un documento se siente serio.
14 pasos. Navega con las flechas del teclado o deslizando, y tienes pantalla completa cuando la necesites. No necesitas cuenta.
La sesión abre con un experimento: dos contratos que dicen exactamente lo mismo, y una elección hecha en menos de un segundo sobre cuál parece más serio. Esa reacción tiene nombre técnico desde hace dos mil años, y no es intuición: es respuesta a la auctoritas y la gravitas de la forma.
La tesis incómoda es que el legal design tiene cinco siglos. La estela de Hammurabi, la edición impresa de Bártolo de Sassoferrato en 1527 que vendía su propia arquitectura de información como argumento comercial, y las Constituciones del Colegio del Rosario de 1666 con su «CON LICENCIA» al pie: todos resolvieron conscientemente problemas de diseño jurídico.
Desde ahí se trabaja lo aplicado: teoría del color y qué comunica cada matiz, personalidad de marca según Jennifer Aaker, por qué un logo debe ser vector y no fotografía, cómo la tipografía sostiene o derrumba la autoridad de una cláusula, y las tres capas de propiedad intelectual que protegen un diseño —marca ante la SIC, derecho de autor y trade dress.
Cierra con Lon Fuller y las tres funciones de la forma jurídica —evidencial, cautelar y canalizadora—, que convierten al legal design en algo bastante más serio que una cuestión de colores.
Ubica un centro de justicia en un mapa 3D partido por un río. Descubre dónde vive la gente y mide cuánta población puede llegar de verdad. Sin registro.
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