Cuando una máquina cree saber lo que vas a hacer
Qué es un algoritmo, cómo predice, y por qué la policía predictiva termina confirmando su propio sesgo. Con tres juegos y aterrizaje en el derecho colombiano.
15 pasos. Navega con las flechas del teclado o deslizando, y tienes pantalla completa cuando la necesites. No necesitas cuenta.
La sesión abre con una pregunta que ya no es hipotética: ¿puede un programa predecir quién va a cometer un crimen y mandar a la policía antes de que pase algo? En varias ciudades se intenta, y detrás de esas decisiones hay una palabra que casi nadie en el derecho define con precisión.
Se construye el concepto desde cero, sin código ni matemáticas: un algoritmo es una receta, y la humanidad lleva mil años escribiéndolas. Lo nuevo es la máquina que las ejecuta millones de veces por segundo, y sobre todo la segunda familia de algoritmos: los que ningún humano redactó, porque los fabricó otro programa a partir de datos.
El corazón de la clase es un juego. Dos distritos con exactamente el mismo crimen real, un modelo entrenado con arrestos del pasado, y cinco rondas para ver cómo la profecía se cumple sola: más patrullas producen más arrestos, que alimentan el mapa, que mandan más patrullas. El sistema parece objetivo y solo confirmó el sesgo con el que empezó.
El aterrizaje es jurídico y colombiano: presunción de inocencia y debido proceso del artículo 29, el derecho de hábeas data de la Ley 1581 de 2012 y la igualdad del artículo 13. La posición que se defiende no es prohibir ni legitimar en bloque, sino una admisibilidad condicionada: estos sistemas caben en el proceso solo si son auditables, explicables y contradecibles.